De plena actualidad está el tema de estudio que me ocupa: "Juegos tradicionales y digitales".
En la época en la que estamos, de videojuegos y pantallas, todavía gana por goleada jugar con los amigos a esconderse, a pilla pilla, a la gallinita ciega... El problema mayoritario para que esta tendencia se rompa, es que los pequeños no tienen oportunidad de hacerlo.
Cierto es que, les queda poquísimo tiempo entre deberes y extraescolares, pero creo que dos son las causas de esta verdad absoluta:
- por un lado, la conciliación de vida familiar y laboral es imposible para los dos tutores. Nos olvidamos en la mayoría de los casos, que la productividad es independiente de un mayor número de horas y estamos expuestos a jornadas larguísimas que mantienen al padre o madre o ambos, entre el deseo de avanzar y la culpabilidad por priorizar empleo sobre tiempo para jugar con los niños.
- Por otro lado, pienso que se ha perdido la perspectiva sobre la importancia del juego. Muchas veces lo consideramos una pérdida de tiempo y sin embargo, los juegos constituyen el ensayo de lo que será la vida adulta en sociedad (aceptación de normas, convivencia, sentimiento de justicia, capacidad para repeler un ataque y defenderse...). Los videojuegos son mucho más cómodos.

Por experiencia propia veo, que cuando mi hija y mis sobrinos están juntos, se inventan juegos y si están en campo y pueblo, se tiran días enteros sin manejar tecnología. No les da tiempo, están contínuamente inestigando, pintando, construyendo... Cuando tienen videojuegos, también lo hacen de forma colaborativa, y se ayudan a salvar obstáculos y pasar pantallas... como cuando lo hacen de forma analógica.
El deseo de jugar impera en todos sus actos y nosotros somos garantes de así suceda. ¿Jugamos? :)